Metáfora del amor con una bolsita de té

Metáfora del amor con una bolsita de té

I am sorry to say today’s post will only available in Spanish. As I’ve written it directly in this language, many games with words wouldn’t make sense in English, but I’m sure if you try to translate it you will understand the main message. So here you have my metaphor of love with a tea bag:

 

No pienso mucho en el amor. Tampoco es que el té me haga reflexionar en exceso. Aunque me tomo 3 al día y quizás lo hago porque mi subconsciente aprovecha esos momentos para maquinar cosas. En fin, no importa. El hecho es que hace unos días me quedé mirando mi taza del desayuno durante un minuto, y de golpe una historia completa vino a mi cabeza como si siempre hubiera estado allí. Os cuento como empezó:

Cada día llego a la oficina un poco antes de las 9 de la mañana, enciendo el ordenador, y mientras todo se va cargando me preparo una taza de té. Introduzco la bolsita, rooibos, slim, verde, da igual. La cojo, me la llevo a la mesa y me pongo a trabajar. Doy un sorbo, leo mails, sorbo, reunión, informe, mail, y son las 12 y sigo con mi té a medias. Y me lo miro medio con cara de asquito porque se ha enfriado, viendo la bolsita hundida y esa sombra blanquecina que queda en la parte de arriba que indica que la bolsita estuvo allí, pero sabiendo que me lo voy a beber igual porque me gusta.

 

¿Y si eso es (como) amor?

Que lo pensamos y lo queremos ya. Para ya. Nos gusta caliente, nos gusta en el momento, con sabor, y más rápido, y más caliente. Y más. Que si no es con todo no merece la pena y que frío no vale nada, que por qué conformarse si me puedo hacer (a) otro. Y me gusta como sabes pero ya te (ll)amaré.

Solo a veces puedes olvidarte un poco de él, puedes dejar que se atempere, puede perder sabor o transformarse en uno nuevo, evolucionar. Y aprendes a saborear ese cambio mientras haces un informe o escribes un mail, porque es tu té y no lo cambias por nada, y sigue siendo lo primero en lo que piensas por la mañana.

Podría beberlo rápido antes del trabajo y estaría genial, lo disfrutaría, se acabaría y a otra cosa, mariposa, a por todo lo que me proponga el día y a por el siguiente té, el próximo de menta, tal vez. Pero cuando llegan las 12 y veo esa sombra blanca en la superficie pienso que si no lo hubiera dejado reposar, no la habría visto nunca. Y que al final, a lo mejor, las cosas lentas, templadas, y que nos acompañan en el día a día son las únicas que acaban dejando esa marca en nuestra superficie.

 

¿Qué opináis? ¿Se me ha ido demasiado la olla? ¡Os leo!

¡Os deseo una semana genial y un brillante día!

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1 Comment

  1. Un seguidor
    January 15, 2018 / 10:04 pm

    Opino que a todos nos gusta un buen té calentito, sobre todo en las tardes/noches frías de invierno pero a veces hay que dejarlo reposar, si lo bebes muy rápido … te puedes quemar ;).

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